Cuando hablamos de ella, si de ella porque tal vez sea la más hermosa de las mujeres, es nuestra amada y dulce naturaleza, esa que muchos desgastan y tratan de arruinar su increíble y desenfrenante belleza, pero que pocos logramos ver en ella un medio de inspiración y de exaltación, para este corazón navegante que está cansado de monotonía del día a día, de estar siempre atado a cosas materiales y superficiales, es para nosotros, un corazón libertino y un poco alocado, una fuente de desahogo, la cual está dispuesta a escuchar y simplemente dedicándose a callar. Solamente mostrándonos el camino que debemos seguir, dejando que nuestra razón y nuestra conciencia nos enseñen la verdad que tal vez sin pensar tengamos muy dentro de nosotros mismos.
Ella nuestra amada y pacífica naturaleza la que sin necesidad de tener manos nos lanza una suave caricia así sea con la mínima brisa, esa misma que está dispuesta a acogernos o nos brinda todo su calor con solo reposar nuestro cuerpo en su suave pasto, que al llegar al mejor de los casos puede ser el más liviano y suave colchón, teniendo como un gran afluente la compañía de un gran sabio que a diferencia de muchos, él tiene la sabiduría de haber vivido por mucho años y una incontenible experiencia de haber visto pasar cientos de generaciones y él en su mismo lugar. Como lo puede llegar a ser el amigo “árbol”.
Ya teniendo en cuenta todo lo mencionado con anterioridad se podría decir que la naturaleza puede llegar a ser la amante perfecta… Si yo se que sería algo muy loco, pero existiría algo que todos los humanos siempre hemos buscado. Una gran compañía, caricias incesantes, calor y cobijo en cualquier instante, pero la característica que más me encanta de la amante perfecta. Es una particularidad que muy pocos humanos tienen, de solo limitarse a escuchar y callar, teniendo en cuenta de que con esta virtud se logra que la otra persona se dé cuenta por si misma de sus errores y que busque en su interior sus mismas respuestas. Que para mí este es el método de enseñanza más efectivo que existe.
Por último para terminar ya con todo este montón de tortoladas, solo quiero decir que si algún día desean dormir con la naturaleza, ella no nos brindara una almohada y nosotros mimos tenemos que llevarla, y la verdad no es muy fácil de conseguir, porque no hay un mejor lugar en donde reposar la cabeza que una conciencia limpia y un poco alocada. Sin importar en qué lugar estés, así coloques tu cabeza en la más dura de las rocas, nuestra amiga la conciencia nos dará la virtud de sentirse como si estuvieras en un suave mando de plumas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario